jueves, abril 27, 2017

Satisfacciones y derrotas

Al hijo de una amiga le han pedido en el instituto que hable con un pediatra para conocer las satisfacciones y derrotas de esta carrera. Y mi amiga no sé le ha ocurrido otra cosa que preguntame a mí. Así que he pensado que es una buena escusa para volver a escribir.
A mis cuarenta y tantos, tengo algo de perspectiva sobre mi profesión como médico. Si empecé la residencia con 24 y espero trabajar hasta los 65 estoy cerca de la mitad de mi trayectoria profesional. No sé si esto es como una montaña, en la que a mitad de camino empieza el descenso. Sí sé que en esta profesión se atraviesan distintas fases, que incluyen satisfacciones y derrotas. Tal vez no en esta profesión, sino en todas. T
Cuando consigues entrar en la universidad a estudiar Medicina eres el hombre más feliz del mundo. Todavía recuerdo aquel día del examen de selectividad: cuántos nervios. Recuerdo que al terminar los exámenes entré en una iglesia (a cada uno le da por donde le da) y leí en letras grandes: "venid a mí los que estéis cansados y agobiados, y yo os aliviaré". Y pensé: estas palabras fueron dichas hace casi dos mil años por el momento que me yo atravesaba entonces. Así que supongo que sufrí. Pero como suele ocurrir en la vida el esfuerzo tiene recompensa. Mi media en aquél entonces fue de 7.1, lo que me permitió entrar en la Universidad Complutense. Eso me decepcionó. Yo quería ir a la Autónoma, porque ahí es donde van los listos y los mejores. Para entrar en la autónoma pedían un 7.3 (igual me baila alguna cifra). En vez de aceptar que tal vez yo no estaba entre los listos y los mejores hice un recurso al rector, con la ayuda de mi padre. Y cuando ya llevaba un mes de curso me contestaron diciendo que me habían aceptado. Pero para ese momento yo ya tenía algunos amigos y no me apetecía cambiar. Así que rechacé la oferta. Ese rechazo condicionó para siempre mi vida. Porque en la Complutense conocí a la que ahora es mi mujer. Tal vez en la Autónoma podría haber conocido a otra, pero imposible que mejor.
Perdón, que me voy por las ramas.
El primer año de Medicina fue duro. No había quien tomara apuntes. Y yo no estaba acostumbrado a tomar apuntes. Empezaron los primeros parciales. El primero el de bioquímica. Pasados unos días hablé con mi amigo Javi por teléfono. Me dijo que ya habían salido las notas, y había sacado un 2,3. Yo, como ante las malas noticias, entre en esa primera fase, la de negación. Era imposible. Yo siempre había sacado en todo sobresaliente. Era imposible asociar mi nombre a un 2,3. Seguro que se había equivocado de línea al mirar. Así que fui a verlo en persona, y cuál fue mi sorpresa cuando leí: Gonzalo Ares Mateos.................................2,3.
Bueno. No pasa nada. Siempre tuve espíritu de superación. Entonces después del suspenso de Bioquímica llegó el de Anatomía, después el de Biología, y solo aprobé dos asignaturas: Bioestadística y Biofísica. Es fácil sacar la conclusión: las asignaturas que aprobé son las que menos tenían que ver con la Medicina. Recuerdo a mi padre preocupado. Yo entonces estaba liado en varias actividades como monitor y hacía salidas con chavales los fines de semana. Pero no me había desmadrado. Estudiaba mucho más que en toda mi vida, pero con los peores resultados que jamás había obtenido.
Reconozco que me desanimé y pensé que aquéllo no era lo mío. Y fíjate que me gustaba la Medicina.
Con ayuda de mi familia y amigos no tiré la toalla. Al final aprobé todo el curso en junio, menos Biología, que también me quedó en septiembre.
Retomé la ilusión en tercero, ya que era el año en el que empezaban las prácticas con pacientes. En primero eran otro tipo de prácticas. Las clásicas con cadáveres, que tienen mucho morbo pero que no me apasionaban tanto.
En las prácticas había de todo. Pero fundamentalmente indiferencia y poco caso. Muchas veces acababa en la urgencia, porque es donde mejor me acogían algunos residentes, de los que aprendí, fundamentalmente una actitud.
Porque mi impresión es que medicina, lo que es medicina, aprendí muy poco durante la carrera. Quiero pensar que puse pilares importantes para el conocimiento posterior...
Por fin llegó el gran día y tras aprobar sexto me licencié en Medicina. El papeleo para el título, la colegiación, y a estudiar el MIR.
El MIR es una oposición que consiste en estudiar 8 horas al día durante un año. No parece así de primeras muy apasionante, pero no lo recuerdo con terror. Iba a una academia, mantenía el contacto con los amigos. Tuve muy buenos profesores en la academia (mucho mejores que los que había conocido, como regla general, durante la carrera). Llegó otro de los días clave: el examen MIR. Recuerdo que fue a primera hora de la tarde, una muy mala hora para los que somos "siestodependientes".
Después del examen la puntuación, después el número en el que había quedado (1011). No soy muy bueno para recordar fechas, pero este número no se me olvidará en la vida.
Y otro gran día: el de la elección de plaza.
Hoy he coincidido con Adrián, un estudiante de medicina al que di clase hace tres años. Venía radiante porque había conseguido elegir su sueño: empezar Urología en el Gregorio Marañón.
El día de la elección pasé más nervios que en el examen MIR: ¿Y si no me da con mi puesto? ¿Y si no puedo ser pediatra...?
Pero llegó mi turno, y pude. Una vez más era el hombre más feliz del mundo. Otro sueño cumplido.
Comenzaron los apasionantes años de la residencia donde empiezas a aprender verdaderamente medicina. Aprendes mucho, estudias mucho. A medida que aprendes empiezas a crecerte. Crees que sabes algo, incluso bastante. Es un momento algo peligroso para el médico, porque está como en la adolescencia de la medicina, se cree infalible e inmortal. Entonces llegan algunos errores, algunos diagnósticos equivocados, algún enfrentamiento con algún padre, algún adjunto que te reprocha un error, que a ti nunca te pareció tan grande. Y con la residencia llegan las guardias, y con las guardias el cansancio, Parece difícil recuperarse, y cuando ya levantas la cabeza llega otra guardia, y otra...
La especialidad de pediatría dura cuatro años, y el último lo dediqué a especializarme en  neonatología, porque descubrí que ahí estaba mi pasión.
Esta vez no hay que superar ningún examen. Terminan los cuatro años y, salvo que hayas hecho alguna pifia muy grande, consigues el título de "Médico Especialista en Pediatría y Áreas Específicas". Es otra gran satisfacción.
Y entonces te lanzas al escalofriante mundo laboral, donde ya estás más solo y pesa más la responsabilidad.
En este blog se puede leer algo del periplo. Está cargado de satisfacciones y derrotas. Quizá predominen las últimas por mi espíritu de "pesimista contrariado" y por la tendencia en el ser humano de ver más fácilmente lo malo.
Quizá mi amiga no me había pedido que le contara todo este rollo, Quizá quería algo más resumido. Pienso que soy capaz... Como si fuera una entrevista...
Gonzalo, ¿cuáles han sido tus derrotas?
- Mis derrotas han sido no saber comprender muchas veces a las madres, juzgarlas equivocadamente, haber hablado mal de un compañero, decir a una madre que no se preocupe y más tarde conocer que su hijo tiene una enfermedad importante, intentar reanimar a un niño y no conseguirlo... Otras derrotas las he logrado después, al tener cierta responsabilidad sobre los demás (sin pretenderlo soy jefe asociado de mi servicio en el momento actual). Y esas derrotas también duelen: no haber conseguido motivar a un compañero, no haberle escuchado como se merece, no luchar más por mi gente...
- ¿Y tus satisfacciones?
Mi satisfacción es saber que cada día ayudo a muchos padres y niños, en general en cosas de poca importancia, porque el médico, muchas veces, es un mero espectador del trascurso de la enfermedad, ya que la naturaleza se encarga de remediar, a menudo, lo que se ha vuelto por un tiempo patológico. Otra satisfacción es dar clase a mis alumnos y pensar que algo pueden aprender de ti. Y con mis compañeros saber que en algún momento tus palabras o ejemplo le ayudaron, que fuiste capaz de sacar una sonrisa a aquél que estaba desanimado, o que sencillamente fuiste al trabajo con alegría e ilusión ya después de unos años.
- ¿Y ha sido más la satisfacción o la derrota?
Mucho más la satisfacción. Lejos del burnout que presentan algunos médicos voy todos los días al trabajo con la aspiración de dar lo mejor de mí. Unos días con mayor ilusión que otros, pero todos con un poso global de alegría. Es la alegría consecuencia  de saber que, a pesar de tus limitaciones, estás dedicando tu vida a ayudar a los demás.

martes, febrero 14, 2017

¿Es ética la eutanasia?

Estoy haciendo un curso de ética a cargo del profesor Diego Gracia. Es un hombre sabio, que ha hecho mucho por la ética en nuestro país, pero que personalmente me ha decepcionado.
Desde hace mucho conozco la dificultad de coincidir en disciplinas que no son matemáticas. Es más o menos fácil convencer a otro de que dos más dos son cuatro (de hecho, raramente es necesario convencerlo de tal perogrullada). No es tan fácil hacerle ver que la verdad existe. La ética es una rama de la filosofía. Es por eso que dos grandes sabios en ética pueden darte opiniones opuestas sobre qué es lo correcto.
Y a mí que no vengan con milongas: los dos no pueden tener razón. Al menos eso es parte básica de mi filosofía. Cuando hablo de mi filosofía doy por hecho que puede haber varias filosofías. Y eso es cierto, lo que no me parece verdad es que todas puedan estar en la verdad.
Un planteamiento peligroso que emplea con frecuencia Diego Gracia es que en el término medio está la virtud. Y esto es probablemente cierto (se me antoja difícil encontrar el término medio en parámetros que no son matemáticos). Pero se puede emplear equivocadamente. Por poner un ejemplo: si un médico opina que hay que operar a un paciente con un pronóstico infausto, y otro opina que es mejor no operarlo no creo que lo correcto sea dejarlo anestesiado, con las tripas abiertas y dejar la cirugía a la mitad.
Hay verdades absolutas que no permiten término medio. No es ético matar a una persona. Pero si alguien plantea si acaso será ético matar a seis personas, la respuesta no se encuentra en que lo correcto será matar a tres.
La eutanasia no es ética. Por mucho que me quieran contar grandes sabios. Siempre pienso que en esto tienen mucha más razón los niños. Ellos conocen la verdad del sentido común que cábalas ficticias no han logrado disipar, todavía. Ellos aman la vida. Y opinan que matar a un enfermo, aunque me lo pida, no es ético.
Pero nosotros queremos justificar conductas no éticas con argumentos que atentan al sentido común porque en ocasiones somos cobardes. Y porque otras veces la realidad es, efectivamente, muy dura.


martes, enero 03, 2017

Feliz 2017

Todo blog que se precie debe tener una entrada en torno a la Navidad, para decir que todavía sigue vivo, para desear felicidad a los lectores, para empezar a llevar a cabo los propósitos del nuevo año... Ya lo he comentado hace mucho, creo: soy de los que hacen propósitos de año nuevo. Algunos los consigo otros no. Tal vez algunos de los que me fijé eran equivocados, y por eso fueron desvaneciéndose en el intento. Este año empiezo mal. Porque ya estamos a 3 de enero y todavía ni siquiera me los he fijado. Alguno de los objetivos que conseguí en 2016 me lo había propuesto, como el de realizar un curso de dibujo. Otros aparecieron sin haberlo premeditado, como el de comenzar un podcast, y otros los comencé pero no llegué a perpetrarlos, como el de leer un libro de liderazgo.
A cambio leí otro interesante libro.
Ya no me hago el propósito de escribir en el blog. Porque veo que en la realidad apenas tengo tiempo (o motivación).
Eso sí, tal vez en la próxima entrada compartiré (si los hago) mis propósitos de año nuevo, aunque solo sea para meterme presión.
Ah, y casi se me olvidaba: feliz Año Nuevo.

martes, septiembre 20, 2016

Pediatría Para Medicoblastos

Aquí está. Ya llegó el primer episodio del podcast. Espero que os guste...

lunes, septiembre 12, 2016

Lamentos

Qué hubiera sido de mí si hubiera hecho los deberes. Si hubiera cumplido mi propósito de actualizar el blog. Lo mismo en vez de medio centenar de seguidores (de gran calidad, pero reconozco que también me importa la cantidad) tendría ahora al menos un millar. Y habría convertido este blog en una gran plataforma de difusión, donde todo lo que anunciara se convertiera en oro.
Pero ne he hecho los deberes y ya solo queda mi lamento (¿os suena?)
Ahora hablo para cuatro paredes cibernéticas que me responden con el silencio de las ondas. Ni siquiera puedo usar el blog como diario (todavía sí como anuario).
Y para este público no existente anuncio que voy a realizar un nuevo experimento. El miércoles que viene empiezo las clases (como profesor, no como alumno) y voy a crear un podcast para cada clase.
¿Servirá de algo esta iniciativa? ¿Conseguiré que mis alumnos aprendan más? ¿Funcionará el podcast?
Si te parece una idea interesante déjamelo en los comentarios. Si te parece una chorrada interesante déjamelo en tus comentarios. Si te parece lo mejor del mundo no digas nada; así sabré que si esta entrada no tiene comentarios el podcast va a ser un gran éxito.

lunes, junio 13, 2016

Consejos para tener una buena guardia

Por fin el artículo que todo médico, especialmente residente, estaba esperando. Muy similar al eslogan de "cómo aprender inglés con 1000 palabras" o "abdominales de órdago sin esfuerzo".
Echando unas cuentas rápidas llego a la conclusión de que llevo sobre mis espaldas más de 800 guardias. Casi dos años y medio durmiendo fuera de casa. Y salvo cuatro dulces años en las que las hice con residente (lo cual tiene, en general, implicaciones favorables sobre la posibilidad de dormir durante la  guardia) el resto han sido de currito total.
Y es curioso, porque mantengo una fama sorprendente de tener buenas guardias. Como os podéis imaginar, cuando has hecho más de 800 guardias ha habido de todo. Pero todavía, mi co-R me recuerda como un suertudo. Ya hace mucho escribí que no creo en el gafe. No entiendo que por estar yo de guardia exista un fenómeno mágico que haga que los niños que tenían intención de acudir a la guardia no lo hagan. O que si vienen sean cosas de poca monta.
Y pienso que mis "buenas guardias" puede tener que ver con mi modo de enfrentarme a ellas.
Así que aquí va mi decálogo para llevar bien las guardias. O "cómo dejar de ser el gafe"
1. Procura descansar la noche anterior. Si eres "de siete horas", hay que procurar dormirlas. Si eres "de ocho" (si es que todavía quedan de esos) a por ello. Es una perogrullada, pero llegar descansado a una guardia es positivo. Este punto es difícil de cumplir cuando tienes hijos por debajo de 18 meses (ó 4 años...) En ese periodo no hay que desesperarse. El cuerpo humano aguanta mucho más de lo que podemos imaginar.
2. Coge la guardia bien uniformado y comido. Lo que bien empieza: bien acaba. Es un consejo tonto. Pero la suma de consejos tontos hacen la guardia más llevadera.
3. Acude al pase de guardia con un folio en blanco y un bolígrafo. Anota de forma ordenada lo que te cuenten sobre los pacientes. Me gusta especialmente trazar una línea vertical en la derecha de la hoja para dejar un espacio donde anotar aquello que está pendiente.
4. Ten siempre a mano una fuente de consulta. Personalmente siempre me ha gustado el libro verde de la Paz. Últimamente soy más de uptodate. Procuro tenerlo abierto en el ordenador y no quedarme con ninguna duda.
5. En todas las guardias hay que aprender algo nuevo. Recuerdo a mis adjuntos ante el hastío de esas guardias de urgencias diciendo que ya no querían aprender más. Como si lo supieran todo. Y no es que lo sepas todo. Es que con lo que sabes puedes vivir de las rentas. Yo me quedaba perplejo, porque en aquél entonces aprendía sin cesar. Y es cierto que ahora no aprendo al mismo ritmo. Pero mantengo ese deseo de aprender. Y el caso es que siempre aprendo algo. No sé si es porque también voy olvidando, me creo que aprendo, y lo que resulta ser es que recuerdo.
Vaya, me acabo de agobiar. No sé si a estas alturas olvido más que aprendo (el famoso problema del grifo y el desagüe...)
6. Sonríe. No a todos los pacientes, porque a veces uno está muy cansado y tiene que conformarse con dar una atención correcta. Pero de vez en cuando: sonríe.
7. Que no te torturen las banalidades. Un acontecimiento curioso es cuando en una cena de guardia empezamos a criticar las tontunas por las que vienen nuestros pacientes. Ahí nos vamos creciendo. Luego es curioso que tal vez nuestros mismos compañeros piensan eso mismo de nosotros, y tal vez cuando pedimos una ecografía el radiólogo piensa: "anda que éste..."
8. En la línea del consejo anterior. Si viene una auténtica chorrada por la noche da gracias a Dios. Yo por la noche solo quiero que vengan tonterías. No estoy para mucho pensar. Nunca me enfado. Si te parece la mayor chorrada del mundo le vas a poder ver en poco tiempo, y sin estresarte. No añadas estrés a tu guardia con los enfados. Desde hace tiempo considero que la urgencia no es un buen lugar para dar educación sanitaria.
9. Que tu objetivo no sea dormir. Creo que es bueno organizarse en una guardia. Y si estás con otro compañero recomiendo sacar, aunque solo sean veinte minutos, para echar una cabezadita a media tarde. Y partirse la noche para descansar lo que se pueda. Pero cuando tu objetivo es dormir al menos cuatro horas éste se puede volver en su contra, ya que si no lo consigues te vas sulfurando. Pero a la vez hay que procurar fijarse una hora para intentar partir la noche. Aunque reconozco que en esto hay gustos de todo tipo. Yo soy más de intentar partir pronto.
10. Descansa después de la guardia. Esto es importante. Una de las ventajas de hacer guardias es que al día siguiente tienes una libranza. Yo esa mañana la dedico a dormir, pero amanezco un pelín antes para darme algún homenaje. Es un tiempo que dedico a mis aficiones: correr, leer, escuchar algo de música, dibujar, tocar la guitarra... Lo que se tercie.
Aprovecha los comentarios para aumentar el decálogo. Cuéntanos tus experiencias y qué es lo que te funciona. Seguro que es de gran ayuda.

sábado, junio 11, 2016

Una historia de superación

Cuántas veces nos llega el desaliento en el camino. Porque no vemos que las dificultades del presente sirvan para forjar un mejor futuro. A veces es el comienzo de un nuevo trabajo, la puesta en marcha de un proyecto de investigación, las dificultades en los estudios por las que está pasando nuestro hijo... Hoy comparto con vosotros este vídeo, que no es otra cosa que una historia de superación. Aquí están los alumnos a los que hace dos años tuve la suerte de dar clase. Narran, con sencillez, cómo ha sido el camino. Y ahora están contentos por haber llegado a la meta. Y tantas historias que hay detrás de cada uno de estos valientes que nos pondrían los pelos de punta si las conociéramos. Enhorabuena campeones. Por haber terminado la carrera de medicina, y por haber dedicado vuestro tiempo a grabar un vídeo tan bonito, y tan estimulante para todos aquéllos que se han propuesto algún reto en su vida.

 
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